Pregunta: ¿Mateo 17:21 y Marcos 9:29 enseñan una fórmula para expulsar demonios, o una lección sobre la fe y la dependencia de Dios?
Respuesta breve: El relato muestra la autoridad de Jesucristo y la necesidad de depender de Dios. No presenta la oración y el ayuno como técnicas que obligan al Señor a actuar ni como una exhibición de poder personal.
Leer los relatos juntos
Conviene leer Mateo 17:14-21, Marcos 9:14-29 y Lucas 9:37-43. Mateo relaciona el fracaso de los discípulos con su poca fe. Marcos recoge la enseñanza sobre la oración. Estas perspectivas se complementan: la fe se dirige a Dios y la oración expresa dependencia de Él.
El relato sí trata de la liberación de un muchacho de un espíritu maligno. No debemos borrar ese acontecimiento para destacar su enseñanza espiritual.
¿«Este género» significa incredulidad?
En el contexto de Marcos 9:28-29, los discípulos preguntan por qué no pudieron expulsar al espíritu. Por esa conexión, «este género» se entiende como una referencia al espíritu o a esa clase de espíritu, no como un nombre para la incredulidad.
La denuncia de una generación incrédula y la referencia a «este género» están relacionadas con el mismo episodio, pero no son expresiones equivalentes. La aplicación legítima es que los discípulos necesitan fe y dependencia; no que el texto diga literalmente «este género de incredulidad».
¿Por qué algunas Biblias omiten Mateo 17:21 o «y ayuno»?
Hay dos variantes distintas. Numerosos testigos importantes omiten Mateo 17:21; la NET y otras traducciones basadas en el texto crítico lo excluyen del cuerpo del texto o lo señalan en nota. Su semejanza con Marcos 9:29 explica la propuesta de una incorporación durante la transmisión manuscrita.
En Marcos 9:29, muchos manuscritos incluyen «y ayuno», incluso algunos antiguos; otros testigos importantes lo omiten. La NET prefiere la lectura breve, que menciona oración. No poseemos los autógrafos para inspeccionarlos directamente: hablamos de comparar copias conservadas, no de haber visto los originales.
Esta diferencia textual no elimina el valor del ayuno, enseñado en otros pasajes, como Mateo 6:16-18 y Hechos 13:2-3. Tampoco autoriza a despreciar a quienes utilizan una traducción que conserva la lectura larga.
¿De quién procede la autoridad?
Toda autoridad pertenece a Cristo (Mateo 28:18). Los discípulos no actuaban con un poder independiente: Jesús les concedió autoridad (Mateo 10:1; Lucas 9:1).
Lucas 10:17 registra que los enviados reconocieron que los demonios se les sujetaban en el nombre de Jesús. Por ello, sería incorrecto afirmar que nunca hubo tal sujeción. La distinción es entre autoridad delegada por Cristo y una supuesta potestad autónoma del ser humano.
La aplicación de esas comisiones a la iglesia actual es discutida entre cristianos. Este ministerio no presenta la expulsión de demonios como un poder automático de cada creyente ni como fundamento para espectáculos, comercio religioso o métodos extrabíblicos.
Judas 9 menciona al arcángel Miguel, no a Gabriel. Su actitud invita a la humildad: el juicio pertenece al Señor. El episodio de los hijos de Esceva también advierte contra tratar el nombre de Jesús como una fórmula mágica (Hechos 19:13-16).
¿Estaba Pedro poseído?
Mateo 16:21-23 no dice que Pedro estuviera poseído ni sitúa el episodio en una cena. Pedro rechaza el anuncio de la pasión, y Jesús lo reprende porque su propuesta se opone al propósito de Dios. Entenderlo como una tentación semejante a la de Satanás no equivale a diagnosticar posesión.
Santiago 1:14-15 recuerda nuestra responsabilidad frente al pecado. La actividad del tentador no elimina nuestra responsabilidad moral.
¿Puede un creyente pertenecer a un demonio?
Este ministerio sostiene que quien ha nacido de nuevo pertenece a Cristo y es morada del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19-20). Desde esa convicción, rechaza que un demonio pueda poseerlo en el sentido de adueñarse de él y desplazar al Espíritu.
Eso no significa que el cristiano sea inmune a la tentación, al sufrimiento o al conflicto espiritual (Efesios 6:10-18). Conviene definir los términos: distintos cristianos utilizan «posesión», «opresión» y «demonización» de maneras diferentes.
¿Cómo acompañar a una persona que sufre?
Con compasión, oración, enseñanza bíblica y acompañamiento pastoral responsable. No debemos humillar a la persona, acusarla sin fundamento, golpearla, sujetarla por la fuerza, suspender tratamientos ni exigir pagos por una supuesta liberación.
Predicar el Evangelio es esencial, pero este relato no permite prometer que un espíritu saldrá automáticamente al escuchar una predicación. Dios no está sujeto a nuestros métodos ni a nuestros plazos.
Las convulsiones, el sufrimiento psicológico o una conducta inusual no bastan para identificar una causa espiritual. La oración y el acompañamiento pastoral no sustituyen la atención médica o psicológica. Ante peligro inmediato, debe buscarse ayuda de emergencia.
Nunca poner a prueba a Dios mediante peligros
La referencia a beber algo mortal está en Marcos 16:18, no en Mateo 16:18-20. No es una orden para consumir veneno ni una prueba que alguien deba realizar. Jesús rechaza poner a prueba a Dios (Mateo 4:7). Nadie debe exponerse ni exponer a otros a un daño para demostrar su fe.
Para reflexionar
- ¿Nuestra confianza está en Cristo o en la personalidad de quien dirige?
- ¿Se enseña la Escritura en su contexto o se ofrecen fórmulas y promesas automáticas?
- ¿La persona que sufre recibe protección y cuidado, o se convierte en espectáculo?
- ¿La oración expresa sumisión a Dios o pretende imponerle nuestra voluntad?
Conclusión
La autoridad es de Cristo. La oración expresa nuestra dependencia y el ayuno puede acompañar una búsqueda humilde de Dios. Ninguno funciona como magia. La iglesia está llamada a proclamar la verdad y cuidar a las personas, sin manipulación ni exhibiciones de poder.
Lecturas: Mateo 17:14-21; Marcos 9:14-29; Lucas 9:37-43; Lucas 10:17-20; Judas 9; Hechos 19:13-16; Efesios 6:10-18.